5.12.08
29.11.08
La vergüenza nos duró un rato de silencio

Manca parado en el medio de la calle tiró la primera piedra. Entonces se le sumaron los cascotazos de los demás. No sé cuanto tiempo pasó hasta que sonó la alarma. Juro que el pecho se me salía. Tardaban demasiado. Pensé que saldrían los vecinos o terminaría la noche aguantando el reto de mis viejos cuando vinieran a buscarme a la comisaría. Me vino un fuego en la boca del estómago. Tenía el corazón en la boca. Éramos cuatro los que nos quedamos de campana. Marucha estaba como loca, movía los brazos para todo lados y decía cosas: que rápido, que se apuraran, que la puta madre. Noelia se comía las uñas sentada en el cordón. El Japo y yo no decíamos nada pero me di cuenta de que estaba tan cagado como yo, como todos, ¿para qué te voy a mentir? Formamos un grupito en esa esquina, en la misma cuadra del mercadito. Desde ahí podíamos ver cómo se iban prendiendo las luces de la cuadra. Los pibes de a poco iban saliendo y venían uno tras otro en carrera hacia donde estábamos, en fila india trayendo la mercadería. Allá venía Mario cargando cuatro botellas. Ariel, Manca y Lula: botellas y más botellas. Esa vuelta no estaba ni el Papa, ni Ramiro, ni Matías Punk. Tampoco estaban esas pibas, la de corte carré que no me acuerdo cómo se llamaba, y la otra con la que andaba siempre. ¿Dónde estarían esa noche todos los demás? Faltaba la mitad del plantel. Es que éramos como un club, ahora que lo pienso. Hicimos las dos cuadras que nos quedaban hasta la estación. Esas fueron fáciles. Se nos complicó un poco cuando llegando a La aviación por Rivadavia, en la plazoleta del obelisco donde terminaba el asfalto, tuvimos que esquivar los charcos y todo el barro que había dejado la lluvia. Cuando corríamos en el descampado del ferrocarril vimos venir los dos faroles del lado de Burzaco: era el Roca. Las piedras de las vías se nos clavaban en los pies, pero así y todo igual llegamos a cruzar antes de que pasara. Trepamos por las rejas de a dos, de a tres personas hasta subir al andén. Los que todavía estaban abajo, en la vía, nos alcanzaban las mochilas y todo lo demás que traían para hacer más rápido. Una vez arriba hicimos el recuento y faltaba uno: Maxi Kosteki. ¿Y Maxi? ¿Dónde quedó Maxi? Ahí viene, hay que bancarle la puerta, dijo alguien. Mientras saltaba la reja, con Ariel le tuvimos las puertas para que nos alcanzara. Fue el último en subir al tren y el primero en sacar las conclusiones: ¿Gaseosas? ¿nada más que gaseosas?, preguntó. Y todos nos quedamos mudos. “Somos una manga de boludos, Kosteki tiene razón”, se escuchó. Así nos quedamos un rato. Como serios, desilusionados, qué se yo. Después Lula empezó a reírse solo, con esa risa contagiosa. Y estuvo bueno eso porque detrás de él nos reímos todos. Alguien abrió una de las tantas botellas y la hizo circular en el grupo. Una de lima-limón, digo, por el color del liquidito. Amarillo es lima-limón, ¿no?
Botellas de gaseosas truchas, ese era el trofeo que nos llevábamos de la noche del saqueo al Blancanieves. Ya no me acuerdo muy bien qué más pasó después porque con Ariel cambiamos de vagón. Nos sentamos solos a devorar unos chocolatines que había rescatado. Esos Milkinis que comíamos seguido. Igual me parece que no volvimos a ver a los pibes hasta el otro día.
17.11.08
13.11.08
y no me vengan a hablar del nuevo-nuevo cine argentino
la casa del ángel, leopoldo torre nilsson (1957)
"Yo no era nadie , pup. Nadie me conocía y la única oportunidad que me dieron fue presenciar La Casa en un una salita bien lejos del boulevard Croisete, donde está el Palais du Festival, enfrente del hotel Majestique. Ahí se hospedaban todos los cajetillas. ¡Si los vieras! La cosa es que proyectaban mi película a las 15. No habían más de treinta tipos, pero eran lo mejor de la crítica francesa. Yo estaba tan nervioso. Me senté atrás de todo, lejos de todo el mundo. Beatriz no se despegó de mi lado, siempre tan gamba para todo. Terminó la proyección y empezaron a cuchichear entre ellos. De pronto se dieron vuelta y me clavaron los ojos. Tenía ganas de salir corriendo y creo que hasta ya me había parado para irme cuando empezaron a aplaudirme durante cinco minutos. Yo no reaccionaba y Beatriz me llevó del brazo hasta ellos. Pensé que me iban a preguntar por Río de Janeiro y los gauchos a caballo. Pero nada de eso, André Bazin, que desde el '45 tiene la manija de la crítica, me dijo: 'Usted es la revelación del festival'. Y a Eric Rohmer se le hacía agua la boca, me hablaba sin parar y lo único que le entendí fue que 'La casa del ángel' era lo mejor que había visto made in Sudamérica. No es poco. Sobre todo porque están locos con el cine norteamericano. Se dice que 'Friendly persuasion', la última de William Wyler, se va a llevar el premio. Según Beatriz, uno de voz gangosa que no sé quién era dijo que Elsa Daniel era la Ingrid Bergman del cine argentino. ¡Matamos, Polo! Bien merecido lo tenemos, porque este triunfo es de los dos, después de tantas claudicaciones de ambos. Todo eso ya es el pasado. Ahora ¿quién nos para?
Te extraño, Babsy.”*
9.11.08
14.9.08
Papi, papi, hijo de puta, se acabó*
Volvemos ahora a los dos andróginos preedípicos, instalados en la frontera entre la biología y la cultura. Lévi-Strauss coloca en esa frontera el tabú del incesto y sostiene que la iniciación del intercambio de mujeres constituye el origen de la sociedad. En ese sentido, el tabú del incesto y el intercambio de mujeres son el contenido del contrato social original. En los individuos, la crisis edípica se produce en esa misma división, cuando el tabú del incesto inicia el intercambio del falo.La crisis edípica se precipita por cierta información. Las criaturas descubren las diferencias entre los sexos y que tienen que ser de un género o del otro. También descubren el tabú del incesto y que hay sexualidad prohibida-la madre inaccesible tanto al niño como a la niña porque "pertenece" al padre-. Por último, descubren que los dos géneros no tienen ni los mismos "derechos" sexuales, ni los mismos futuros.
En el curso normal de los acontecimientos, el varón renuncia a su madre por miedo a que el padre lo castre, es decir se niegue a darle el falo y haga de él una niña. Pero con ese acto de renuncia el niño afirma la relación en la cual la madre es entregada al padre y que le dará una mujer si llega a ser hombre. A cambio de la afirmación del derecho del padre a su madre, el padre garantiza el falo de su hijo, no lo castra. El niño permuta a su madre por el falo, la prenda simbólica que más tarde podrá intercambiar por una mujer. Lo único que se le exige es un poco de paciencia. Conserva su organización libidinal original y el sexo del objeto original deseado. El contrato social que ha aceptado reconocerá eventualmente sus propios derechos y le dará una mujer.
Lo que sucede con la niña es más complejo. Ella, igual que el varón, descubre el tabú contra el incesto y la división de los géneros y además descubre cierta información desagradable sobre el género al que la están asignando. Para el varón, el tabú del incesto es un tabú sobre algunas mujeres. Para la niña, es un tabú sobre todas las mujeres. Como está en una posición homosexual hacia su madre, la regla de heterosexualidad dominante en el plan hace que su posición sea insostenible. La madre y, por extensión todas las mujeres, sólo pueden ser amadas con propiedad por alguien "con pene" (falo). Como la niña no tiene "falo", no tiene "derecho" a amar a su madre ni a ninguna otra mujer, puesto que ella misma está destinada a un hombre. No tiene la prenda simbólica que se puede cambiar por una mujer.
Si la formulación de Freud de este momento de la crisis edípica femenina es ambigua, la de Lampl de Groot hace explícito el contexto que confiere significado a los genitales:
Si la niña llega a la conclusión de que ese órgano es realmente indispensable para la posesión de la madre, además de la injuria narcisista común a ambos sexos, sufre otro golpe más, el sentimiento de inferioridad de sus genitales.
La niña concluye que el "pene" es indispensable para la posesión de la madre porque sólo los que poseen el falo tienen "derecho" a una mujer y a la prenda de intercambio. No llega a esa conclusión debido a una superioridad natural del pene por sí mismo o como instrumento para hacer el amor. El ordenamiento jerárquico de los genitales masculinos y femeninos es el resultado de las definiciones de la situación-la regla de la heterosexualidad obligatoria y la postergación de las mujeres (sin falo, castradas) frente a los hombres (que lo tienen)-.
La niña empieza entonces a apartarse de la madre y a volverse hacia el padre.
Para la niña (la castración) es un hecho que ha sucedido, irrevocable, pero cuyo reconocimiento la obliga finalmente a renunciar al primer objeto de su amor y a apurar hasta el fin la amargura de su pérdida [...] entonces elige al padre como objeto de su amor: el enemigo se convierte en el amado. (Lampl de Groot)
El reconocimiento de la "castración" obliga a la niña a redefinir sus relaciones consigi misma, con su madre y con el padre.
Se aparta de la madre con rabia y frustración porque no tiene un falo para darle y lo hace porque no le dio un "pene" (falo). Pero la madre, que es una mujer en una cultura fálica, a su vez no tiene el falo para dar (pues ella misma pasó la crisis edípica una generación antes). Entonces la niña se vuelve hacia el padre porque sólo él puede "darle el falo" y sólo a través de él ella puede entrar en el sistema de intercambio simbólico en que circula el falo. Pero el padre no le da el falo de la misma forma en que se lo da al varón. El falo es afirmado en el varón, el cual después tendrá que darlo. La niña nunca lo consigue: pasa por ella y en su paso se transforma en un hijo o una hija. Cuando ella "reconoce su castración", accede al lugar de una mujer en una red fálica de intercambio. Puede "conseguir" el falo-en la relación sexual o en forma de hijo o hija-pero sólo como regalo de un hombre. Nunca lo obtiene para darlo.
Cuando se vuelve hacia el padre, reprime además las partes "activas" de su líbido:
El apartarse de la madre es un paso importantísimo en el desarrollo de la niña pequeña. es más que un mero cambio de objeto [...] junto con él se observa una marcada disminución de los impulsos sexuales activos y un aumento de los pasivos [...] La transición al objeto padre se realiza con ayuda de las tendencias pasivas, en la medida en que se han salvado de la catástrofe. Ahora, el camino hacia el desarrollo de la feminidad está abierto para la niña. (Freud)
*Silvya Plath
7.9.08
once(s) de septiembre: cuando el cine no puede estetizar la violencia
11’09’’01 Once de septiembre; Ken Loach.
31.8.08
29.8.08
Gendarmes
Tragicomedia sobre la rara intimidad en un cuartel fronterizo. La obra narra con humor la confusión de deseos y los vínculos ambiguos entre tres militares que, alejados del resto del mundo, festejan la navidad.
Síntesis: Nochebuena en Pino Hachado, un destacamento perdido en la cordillera. La llegada de un joven y apuesto gendarme perturba la armonía del cuartel. Entre sidras y tiritos, llegan las doce y la Patria se vuelve infiel con sus hombres.
Hernán Melazzi Teniente Costa
Ramiro Lehkuniec Sargento González
Marcos Perearnau Cabo Juan Cruz
Voces en off: Analía Bustamante y Dafnne Rojas
Escenografía: Luciana Azcona
Iluminación: Caro Sosa
Vestuario: Simón Mastellone
Maquillaje: María Emilia Ladogana
Sonido: Fernando De Rosa
Técnicos: Sebastián Francia y Franco Cappelletti
Fotos: Zofía Starzenski
Diseño y prensa: Juan Manuel Amaya – juan@indeleble.tv
Asistencia de dirección: Melina Benítez
Dramaturgia y dirección
Hernán Melazzi, Ramiro Lehkuniec y Marcos Perearnau
Agradecimientos: Eugenio Soto, Ricardo Bartís, Aníbal Duarte, Sala El Áspero, Beckett Teatro.
Este espectáculo cuenta con el apoyo de Proteatro.
Viernes 21hs.
Espacio Cultural Pata de Ganso
Zelaya 3122, Abasto, Buenos Aires
Reservas: 4862-0209 / Contacto: gendarmes@indeleble.tv
Entrada: $20 / Estudiantes y jubilados: $15
28.8.08
En el pasillo hay una mujer con una jarra de agua en la mano: ¿Ha conjurado una tempestad o solamente quiere hacerse un té?*
La mujer yace desparramada, abierta al mundo, en el suelo, con alimentos viscosos esparcidos sobre ella, y es subastada por un efecto y varios efectos. Sólo su marido negocia con ella, y negocia completamente solo. Y ya cae en el amueblado vacío de la habitación. Sólo su propio cuerpo le hace justicia, y cuando lo desea puede hacerse oír y retumbar en el deporte. Como una rana, la mujer tiene que abrir las piernas hacia los lados, para que su marido pueda mirar dentro de ella lo más posible, hasta la Audiencia Provincial para Causas Penales, y examinarla. Está por entero bañada y cagada por él, tiene que levantarse, dejar caer al suelo las últimas cáscaras e ir a buscar una esponja para limpiar al hombre, ese enemigo irreconciliable de su sexo, de sí mismo y del flujo que ella ha producido. Él le mete el índice derecho bien hondo en el ano, y con los pezones colgando ella se arrodilla sobre él y limpia, el cabello en los ojos y en la boca, sudor en la frente, saliva ajena en la garganta, la blanca ballena asesina allí ante ella, hasta que la amable luz se pone, llega la noche y este animal empieza a fustigarla de nuevo con su rabo.
La mujer sale de la cubierta de sus circunstancias. Aprieta con desazón su pijama contra el cuerpo. Se palmea con las manos. Algunos de los niños que oye gritar a lo lejos acaban de salir de su bien montado grupo de baile y ritmo, que se reúne todas las semanas. Los niños son criados como hobby de esta mujer. Al fin y al cabo, tenemos suficiente sitio y amor para el niño, que debe aprender a batir palmas con ritmo. En el colegio, le será de ayuda para asentir o levantarse rítmicamente cuando sea el momento de la oración. Su hijo está entre ellos, demuestra con cada grito que cuelga sobre los otros como un dedo sucio. De cada bocadillo ha de ser el primero en morder, porque cada niño tiene un padre, y cada padre tiene que ganar dinero. Sobre sus estrechos esquíes, aterroriza a los niños pequeños en sus trineos. Es la última edición de un astro brillante, que tiene la osadía de salir nuevamente cada día, pero siempre con una vestimenta nueva. Nadie se le resiste, sólo su espalda tiene que tragar muchas muecas ocultas y desperdiciadas. Ya se ve como una formulación de su padre. La mujer no se engaña, levanta vagamente la mano hacia el hijo lejano, que ha reconocido por la voz. Él adapta a los otros niños a su medida. Los corta con palabras, como el viento al paisaje, y los convierte en mugrientas colinas.
5.7.08
La lluvia llegó y nos agarró en medio del bosque que había en frente de la casa, mojándonos un poco. Paseábamos en bicicleta. Lucy mirando el cielo me dice ahí viene la lluvia. Yo miré y no ví nada. Pero Lucy sabía de esas cosas más que yo. Pedaleamos lo más fuerte que pudimos entre los pastizales y las raíces de los algarrobos que brotaban de la tierra. En el cielo se veían los relámpagos que alumbraban los techos de las casitas. Me acordé de Lucy cuando cerraba los ojos porque el flash de la cámara que canjeamos con las tapitas de gaseosa le lastimaba los ojos, igual que ahora el resplandor ahí arriba también le lastimaba. Era una tormenta eléctrica que se largó bien fuerte justo justo cuando pisábamos la entrada de vuelta a la casa. Ahí nos quedamos todos en la puerta. Pero sobre todo nosotras que mirábamos fijo cómo se alimentaba de vuelta nuestra zanja, empujándonos un poco para conseguir el mejor lugar para ver cómo era el alivio, para sentir el olor del alivio de la tierra norteña mojada.
23.6.08
Infancia [fragmento]
Cosaco resulta ser un perro desconcertante e indisciplinado, que merodea por la vecindad pisoteando jardines y persiguiendo a las gallinas. Un día el perro le sigue durante todo el trayecto hacia el colegio. Nada de lo que él haga lo aparta: cuando le grita y le tira piedras, el perro agacha las orejas, mete el rabo entre las patas y huye cabizbajo; pero tan pronto como él se monta en la bicicleta, el perro corre a grandes saltos tras él. Al final tiene que arrastrarlo por el collar hasta la casa, empujando la bicicleta con la otra mano. Llega a casa enrabiado y se niega en redondo a ir al colegio, porque se le ha hecho tarde.
Cosaco no es todavía un perro adulto cuando se come el polvo de vidrio que alguien ha puesto fuera para él. Su madre le administra enemas, para que el agua haga salir los pedazos de cristal, pero es en vano. Al tercer día, como el perro continúa tumbado, jadeando, y ni siquiera tiene fuerzas para lamerle la mano, la madre lo manda a la farmacia a comprar una medicina que le han recomendado. Él va corriendo y vuelve corriendo, pero llega demasiado tarde. Su madre tiene aspecto cansado y distante, ni siquiera toma el bote de sus manos.
El ayuda a enterrar a Cosaco, envuelto en una manta, en la arcilla del fondo del jardín. Sobre la tumba erige una cruz en la que pintan el nombre «Cosaco». No desea tener otro perro. No si es así como han de morir.
[j.m coetzee]
24.5.08
Inda Patria Ledesma Mía
Nacionalpa Himnon
Uyarishís qaparisqá huañora
Libertá, Libertá, Libertat
Uyarísh cadenás titikojta
Qaayshis trono kikín tukuytá
Anajpiajkuna kicharin kuná
Provinciás kusqa surmantaqá
Tukuy mundo lebrésnenqa ninku
¡Atun pueblo Argentino salud!
¡Atun pueblo Argentino salud!Tukuy mundo libresnenqa ninku
¡Atun pueblo argentino salud!
16.5.08
+++bonus++++
Que lindo es levantarse todas las mañanas
[daniel durand]
15.5.08
algo de Salto Grande
*
*
Mi papá se iba a cagar al agua, yo nunca pude cagaradentro del río, me daba miedo que un pescado
se me metiera en el culo. Me voy a darle de comer a las mojarras...
decía papá y se iba a cagar a la correntada.
Tito y Carlos que son mis tíos porteños
El Pancho Moulins me enseñó a hacer flechas
El año pasado Eric cuando se fue me dijo que este año
[daniel durand]
8.5.08
La luna
¡Aaaaahh! ¡Qué manera de apolillar!
¡He dormido como una vaca sobre los abrojos!
¡Aaaaahh!
¡Qué picor de cajeta!
¡He tenido un sueño maravilloso!
¡No había nada!
En el sueño…
Nada… nada…
Todo era…
como un enorme sorete
marrón de nada… nada.
Era el Caos
y de pronto… de ese caos
surgió una Diosa
completamente desnuda
y completamente violeta
con unas tetas así de grandes,
con unos pezones como platos de postre de Gulliver.
Eurínome
se llamaba la diosa.
Eurínome, la diosa de todas las cosas.
Y Eurínome
surgió del caos
con tantas ganas de bailar
pero tantas ganas de bailar
que cuando vio que no había nada,
porque no había nada,
en donde apoyar sus piececillos violáceos
para danzar
entonces agarró e hizo jjjjjjj,
rasgó un cacho de nada
y creó el firmamento
y después agarró e hizo jjjjjjj,
rasgó otro cacho de nada
y creó las olas,
unas olas magníficas,
gigantes,
monumentales, estreptocóideas,
todas duras, trabajadas, cinceladas,
niqueladas,
todas marmoladas
hacia arriba… así…
todas negras, violetas, azules…
anaranjadas,
de todos los colores
hasta unas puntas
terminadas en unas puntas
de espuma,
unas puntas blancas,
más blancas que la blanca
y después de las puntas
unas pelotonas blancas de espuma
así de grandes
y después de las pelotas
sobre las pelotas
toda una ristra
de colibríes fosforescentes.
En cuanto vio que tenía dónde
apoyar sus piececillos,
entonces ella se puso a bailar
y bailada Eurínome
la conchuda
y bailaba lai-la-ra-la-lá,
bailoteaba la hija de mil puta,
dale que te dale
y daba una pirueta para adelante
y un mortal para atrás
y correteaba en dirección al Noreste
y después para allá
y miraba al Sudeste
y se cagaba en el Oeste
y corría y corría
y hacía mohínes,
piruetines, piruetecas,
y tanto, pero tanto, tanto,
bailó en dirección hacia el Sur
que en el Norte
se provocó un remolino gigante,
una especie de centrifugado
de película de Spielberg
con rayos y centellas,
como un cagadero al revés.
Entonces en cuanto Eurínome,
la diosa de todas las cosas,
vio la porquería que había creado
con su bailar
agarró y se dio vuelta
como una diosa
y dijo… y esto… ¿qué es?
Y agarró el centrifugado
con las dos manos
y empezó a frotarlo
al remolino
y lo frotó… y frotó…
a esa espiral luminosa…
y frotó… tanto, pero tanto frotó…
y frotó…
que de allí surgió
un viborón de este porte
cono unos ojos salidos para afuera así,
con unas pupilas hacia delante
que terminaban en dos guindas azules.
Orión se llamaba el viborón
y en cuanto Orión, el viborón,
vio a Eurínome,
la bailarina conchuda,
dijo yo a ésta me la volteo
y dicho y hecho
se la volteó…
Fue así como Eurínome
quedó encinta,
preñadita.
Se transformó entonces Eurínome
en una palomita blanca
chiquitita
con unas plumitas
que el viento… pfff
las movía.
Entonces se puso a empollar
Eurínome… sobre las olas
unos olones gigantes
y se posé sobre la ola gigante
y la ola la agarraba
y la tiraba… ¡¡pfffaaa!!
y caía sobre la otra ola
y la otra ola la agarraba
y la sarangoteaba toda
y ¡¡¡PFFFAAA!!
En un momento se la encajó
la punta de una ola
en el medio del ojete
y al cabo de 7.777 milenios
puso el huevo universal.
Cuando vio esa porquería
que había puesto
dijo, y esto… ¿qué es?
Un huevo de tamaño Sideral
pero de decir ¡mirá qué huevo!
Un huevo de color tornasolé
todo con incrustaciones
de nácar
y de huesos de mamut
y de dientes de Grondona.
Y bueno… entonces
y al rato le dijo al otro,
al Orión, el viborón,
¡ocupate vos también
que tuviste bastante que ver con esto!
Entonces el viborón
se enroscó siete veces en el huevo
y al cabo de otros 7.777 milenios
el huevo hizo jjjjjjj
se partió en dos
y de allí surgieron
todas las cosas
habidas y por haber:
Marte, Neptuno, Plutón,
Saturno, Júpiter,
la vía Láctea,
como lechazos de guasca de Dios,
los agujeros negros,
y además
surgió esa pelotita
pelotuda y celeste
que es la Tierra
con sus mares, sus montañas,
las Sierras de Tandilla,
la Plaza Miserere
y además… esa capa…
esa pátina
graciosa y grasosa
que hay sobre la Tierra
que son los mortales…
¡Qué ganas de garcharme un mortal
que me dieron!
¡Bajaré a garcharme un mortal!
(Baja y camina por entre los espectadores)
¡Qué olor a mortal que hay acá!
¡Qué asco!
¡Este está fuerte!
(Le habla a un espectador)
¡Vamos a garchar!
¡Encajala!
(Se sienta sobre sus faldas)
En ese agujero no, picarón,
en el otro…
¡Ahhh! ¡Movete!
¡Juguetea más con el clíptorex!
¡Cambiemos de posición”
¡Chupame el busto!
¡Sí! ¡Sí!
¡Voy a acabar!
¡Oíd mortales el grito sagrado!
¡¡¡AAAaaaaahhh!!!
¡Gracias por garcharme así!
(Cuando está volviendo al escenario)
Me preñaste…,
¡estoy completamente embarazada!
¡Y de un mortal!
¡Voy a parir!
¡Estoy a punto de parir!
¡Aaaahhh!
(Empieza a sonar “Las Valkirias” de Wagner)
¡Voy a parir!
(Se hincha en el escenario. Puja. Resopla y pare sacando trapos rojos de su entrepierna al compás de los gritos de la cantante, al final saca un envoltorio como de panadería, incluso con atadura de cintita con moño y todo. Queda exhausta mirando lo que acaba de parir)
La placenta…
(Desata, abre el paquete, y se descubre un típico pebete de jamón y queso)
Un pebetito… (Lo revisa)
… no tiene mayonesa…
…. ¡Ja! ¡Las orejitas que tiene!
La misma cara del padre…
¡y habla! (Lo acerca a su oído)
¡Dice que va a ser un gran hombre!
¡Dice que va a tener un Renault Fuego
y la casa en el country club!
(Pausa. Se emociona)
Naciste para alimento de la luna
… tu madre.
Todo se va apagando despacio mientras ella se bambolea, come, mastica, y llora, hasta el apagón)
La paralítica
¡¡¡Lmmmmm jjjmmmúmmmter!!! ¡Hablá bien gangosa de mierda!, le decía yo, oficial, porque ella me lo hacía a propósito para cagarme porque yo era bailarina y peluquera y me debía a mi arte, ¡sí!, ¡la maté, oficial! ¡Y no sabé qué liberación! Puse un disco de Richard Clayderman
el claro de luna
y bailé como la llama
de una vela
en un velorio.
[Monólogo de alejandro urdapilleta basado en un texto teatral escrito para el Parakultural y representado por Batato. La versión corresponde al texto radiofónico leído en La Alfombra (1989) Radio Alfa del barrio de Belgrano, luego publicada en Vagones Transportan Humo]
29.4.08
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