29.11.08

La vergüenza nos duró un rato de silencio



Manca parado en el medio de la calle tiró la primera piedra. Entonces se le sumaron los cascotazos de los demás. No sé cuanto tiempo pasó hasta que sonó la alarma. Juro que el pecho se me salía. Tardaban demasiado. Pensé que saldrían los vecinos o terminaría la noche aguantando el reto de mis viejos cuando vinieran a buscarme a la comisaría. Me vino un fuego en la boca del estómago. Tenía el corazón en la boca. Éramos cuatro los que nos quedamos de campana. Marucha estaba como loca, movía los brazos para todo lados y decía cosas: que rápido, que se apuraran, que la puta madre. Noelia se comía las uñas sentada en el cordón. El Japo y yo no decíamos nada pero me di cuenta de que estaba tan cagado como yo, como todos, ¿para qué te voy a mentir? Formamos un grupito en esa esquina, en la misma cuadra del mercadito. Desde ahí podíamos ver cómo se iban prendiendo las luces de la cuadra. Los pibes de a poco iban saliendo y venían uno tras otro en carrera hacia donde estábamos, en fila india trayendo la mercadería. Allá venía Mario cargando cuatro botellas. Ariel, Manca y Lula: botellas y más botellas. Esa vuelta no estaba ni el Papa, ni Ramiro, ni Matías Punk. Tampoco estaban esas pibas, la de corte carré que no me acuerdo cómo se llamaba, y la otra con la que andaba siempre. ¿Dónde estarían esa noche todos los demás? Faltaba la mitad del plantel. Es que éramos como un club, ahora que lo pienso. Hicimos las dos cuadras que nos quedaban hasta la estación. Esas fueron fáciles. Se nos complicó un poco cuando llegando a La aviación por Rivadavia, en la plazoleta del obelisco donde terminaba el asfalto, tuvimos que esquivar los charcos y todo el barro que había dejado la lluvia. Cuando corríamos en el descampado del ferrocarril vimos venir los dos faroles del lado de Burzaco: era el Roca. Las piedras de las vías se nos clavaban en los pies, pero así y todo igual llegamos a cruzar antes de que pasara. Trepamos por las rejas de a dos, de a tres personas hasta subir al andén. Los que todavía estaban abajo, en la vía, nos alcanzaban las mochilas y todo lo demás que traían para hacer más rápido. Una vez arriba hicimos el recuento y faltaba uno: Maxi Kosteki. ¿Y Maxi? ¿Dónde quedó Maxi? Ahí viene, hay que bancarle la puerta, dijo alguien. Mientras saltaba la reja, con Ariel le tuvimos las puertas para que nos alcanzara. Fue el último en subir al tren y el primero en sacar las conclusiones: ¿Gaseosas? ¿nada más que gaseosas?, preguntó. Y todos nos quedamos mudos. “Somos una manga de boludos, Kosteki tiene razón”, se escuchó. Así nos quedamos un rato. Como serios, desilusionados, qué se yo. Después Lula empezó a reírse solo, con esa risa contagiosa. Y estuvo bueno eso porque detrás de él nos reímos todos. Alguien abrió una de las tantas botellas y la hizo circular en el grupo. Una de lima-limón, digo, por el color del liquidito. Amarillo es lima-limón, ¿no?
Botellas de gaseosas truchas, ese era el trofeo que nos llevábamos de la noche del saqueo al Blancanieves. Ya no me acuerdo muy bien qué más pasó después porque con Ariel cambiamos de vagón. Nos sentamos solos a devorar unos chocolatines que había rescatado. Esos Milkinis que comíamos seguido. Igual me parece que no volvimos a ver a los pibes hasta el otro día.


17.11.08

¡aleluya mahalia!

joshua fit the battle of jericho y
holding my savior's hand, londres (1964)

13.11.08

y no me vengan a hablar del nuevo-nuevo cine argentino



la casa del ángel, leopoldo torre nilsson (1957)


"Yo no era nadie , pup. Nadie me conocía y la única oportunidad que me dieron fue presenciar La Casa en un una salita bien lejos del boulevard Croisete, donde está el Palais du Festival, enfrente del hotel Majestique. Ahí se hospedaban todos los cajetillas. ¡Si los vieras! La cosa es que proyectaban mi película a las 15. No habían más de treinta tipos, pero eran lo mejor de la crítica francesa. Yo estaba tan nervioso. Me senté atrás de todo, lejos de todo el mundo. Beatriz no se despegó de mi lado, siempre tan gamba para todo. Terminó la proyección y empezaron a cuchichear entre ellos. De pronto se dieron vuelta y me clavaron los ojos. Tenía ganas de salir corriendo y creo que hasta ya me había parado para irme cuando empezaron a aplaudirme durante cinco minutos. Yo no reaccionaba y Beatriz me llevó del brazo hasta ellos. Pensé que me iban a preguntar por Río de Janeiro y los gauchos a caballo. Pero nada de eso, André Bazin, que desde el '45 tiene la manija de la crítica, me dijo: 'Usted es la revelación del festival'. Y a Eric Rohmer se le hacía agua la boca, me hablaba sin parar y lo único que le entendí fue que 'La casa del ángel' era lo mejor que había visto made in Sudamérica. No es poco. Sobre todo porque están locos con el cine norteamericano. Se dice que 'Friendly persuasion', la última de William Wyler, se va a llevar el premio. Según Beatriz, uno de voz gangosa que no sé quién era dijo que Elsa Daniel era la Ingrid Bergman del cine argentino. ¡Matamos, Polo! Bien merecido lo tenemos, porque este triunfo es de los dos, después de tantas claudicaciones de ambos. Todo eso ya es el pasado. Ahora ¿quién nos para?
Te extraño, Babsy.”*
 


*fragmento de una carta publicada en el gran babsy, de mónica martin y extraído de leopoldotorrenilsson.blogspot.com

Todo acto en escena será cruel*




Skin, dirigido por vincent o'connell y basado en un guión de sarah kane (1995)

*a. artaud


9.11.08

entre conductos y amalgamas

remake de frank oz


la tiendita del horror ; roger "todo x 2 pesos" corman (1960)

14.9.08

Papi, papi, hijo de puta, se acabó*

Volvemos ahora a los dos andróginos preedípicos, instalados en la frontera entre la biología y la cultura. Lévi-Strauss coloca en esa frontera el tabú del incesto y sostiene que la iniciación del intercambio de mujeres constituye el origen de la sociedad. En ese sentido, el tabú del incesto y el intercambio de mujeres son el contenido del contrato social original. En los individuos, la crisis edípica se produce en esa misma división, cuando el tabú del incesto inicia el intercambio del falo.

La crisis edípica se precipita por cierta información. Las criaturas descubren las diferencias entre los sexos y que tienen que ser de un género o del otro. También descubren el tabú del incesto y que hay sexualidad prohibida-la madre inaccesible tanto al niño como a la niña porque "pertenece" al padre-. Por último, descubren que los dos géneros no tienen ni los mismos "derechos" sexuales, ni los mismos futuros.

En el curso normal de los acontecimientos, el varón renuncia a su madre por miedo a que el padre lo castre, es decir se niegue a darle el falo y haga de él una niña. Pero con ese acto de renuncia el niño afirma la relación en la cual la madre es entregada al padre y que le dará una mujer si llega a ser hombre. A cambio de la afirmación del derecho del padre a su madre, el padre garantiza el falo de su hijo, no lo castra. El niño permuta a su madre por el falo, la prenda simbólica que más tarde podrá intercambiar por una mujer. Lo único que se le exige es un poco de paciencia. Conserva su organización libidinal original y el sexo del objeto original deseado. El contrato social que ha aceptado reconocerá eventualmente sus propios derechos y le dará una mujer.

Lo que sucede con la niña es más complejo. Ella, igual que el varón, descubre el tabú contra el incesto y la división de los géneros y además descubre cierta información desagradable sobre el género al que la están asignando. Para el varón, el tabú del incesto es un tabú sobre algunas mujeres. Para la niña, es un tabú sobre todas las mujeres. Como está en una posición homosexual hacia su madre, la regla de heterosexualidad dominante en el plan hace que su posición sea insostenible. La madre y, por extensión todas las mujeres, sólo pueden ser amadas con propiedad por alguien "con pene" (falo). Como la niña no tiene "falo", no tiene "derecho" a amar a su madre ni a ninguna otra mujer, puesto que ella misma está destinada a un hombre. No tiene la prenda simbólica que se puede cambiar por una mujer.

Si la formulación de Freud de este momento de la crisis edípica femenina es ambigua, la de Lampl de Groot hace explícito el contexto que confiere significado a los genitales:

Si la niña llega a la conclusión de que ese órgano es realmente indispensable para la posesión de la madre, además de la injuria narcisista común a ambos sexos, sufre otro golpe más, el sentimiento de inferioridad de sus genitales.

La niña concluye que el "pene" es indispensable para la posesión de la madre porque sólo los que poseen el falo tienen "derecho" a una mujer y a la prenda de intercambio. No llega a esa conclusión debido a una superioridad natural del pene por sí mismo o como instrumento para hacer el amor. El ordenamiento jerárquico de los genitales masculinos y femeninos es el resultado de las definiciones de la situación-la regla de la heterosexualidad obligatoria y la postergación de las mujeres (sin falo, castradas) frente a los hombres (que lo tienen)-.

La niña empieza entonces a apartarse de la madre y a volverse hacia el padre.

Para la niña (la castración) es un hecho que ha sucedido, irrevocable, pero cuyo reconocimiento la obliga finalmente a renunciar al primer objeto de su amor y a apurar hasta el fin la amargura de su pérdida [...] entonces elige al padre como objeto de su amor: el enemigo se convierte en el amado. (Lampl de Groot)

El reconocimiento de la "castración" obliga a la niña a redefinir sus relaciones consigi misma, con su madre y con el padre.

Se aparta de la madre con rabia y frustración porque no tiene un falo para darle y lo hace porque no le dio un "pene" (falo). Pero la madre, que es una mujer en una cultura fálica, a su vez no tiene el falo para dar (pues ella misma pasó la crisis edípica una generación antes). Entonces la niña se vuelve hacia el padre porque sólo él puede "darle el falo" y sólo a través de él ella puede entrar en el sistema de intercambio simbólico en que circula el falo. Pero el padre no le da el falo de la misma forma en que se lo da al varón. El falo es afirmado en el varón, el cual después tendrá que darlo. La niña nunca lo consigue: pasa por ella y en su paso se transforma en un hijo o una hija. Cuando ella "reconoce su castración", accede al lugar de una mujer en una red fálica de intercambio. Puede "conseguir" el falo-en la relación sexual o en forma de hijo o hija-pero sólo como regalo de un hombre. Nunca lo obtiene para darlo.

Cuando se vuelve hacia el padre, reprime además las partes "activas" de su líbido:

El apartarse de la madre es un paso importantísimo en el desarrollo de la niña pequeña. es más que un mero cambio de objeto [...] junto con él se observa una marcada disminución de los impulsos sexuales activos y un aumento de los pasivos [...] La transición al objeto padre se realiza con ayuda de las tendencias pasivas, en la medida en que se han salvado de la catástrofe. Ahora, el camino hacia el desarrollo de la feminidad está abierto para la niña. (Freud)

*Silvya Plath



29.8.08

Gendarmes



Tragicomedia sobre la rara intimidad en un cuartel fronterizo. La obra narra con humor la confusión de deseos y los vínculos ambiguos entre tres militares que, alejados del resto del mundo, festejan la navidad.

Síntesis: Nochebuena en Pino Hachado, un destacamento perdido en la cordillera. La llegada de un joven y apuesto gendarme perturba la armonía del cuartel. Entre sidras y tiritos, llegan las doce y la Patria se vuelve infiel con sus hombres.


Hernán Melazzi Teniente Costa
Ramiro Lehkuniec Sargento González
Marcos Perearnau Cabo Juan Cruz

Voces en off: Analía Bustamante y Dafnne Rojas
Escenografía: Luciana Azcona
Iluminación: Caro Sosa
Vestuario: Simón Mastellone
Maquillaje: María Emilia Ladogana
Sonido: Fernando De Rosa
Técnicos: Sebastián Francia y Franco Cappelletti
Fotos: Zofía Starzenski
Diseño y prensa: Juan Manuel Amaya – juan@indeleble.tv
Asistencia de dirección: Melina Benítez

Dramaturgia y dirección
Hernán Melazzi, Ramiro Lehkuniec y Marcos Perearnau

Agradecimientos: Eugenio Soto, Ricardo Bartís, Aníbal Duarte, Sala El Áspero, Beckett Teatro.


Este espectáculo cuenta con el apoyo de Proteatro.


Viernes 21hs.
Espacio Cultural Pata de Ganso
Zelaya 3122, Abasto, Buenos Aires
Reservas: 4862-0209 / Contacto: gendarmes@indeleble.tv
Entrada: $20 / Estudiantes y jubilados: $15




28.8.08

En el pasillo hay una mujer con una jarra de agua en la mano: ¿Ha conjurado una tempestad o solamente quiere hacerse un té?*





La mujer yace desparramada, abierta al mundo, en el suelo, con alimentos viscosos esparcidos sobre ella, y es subastada por un efecto y varios efectos. Sólo su marido negocia con ella, y negocia completamente solo. Y ya cae en el amueblado vacío de la habitación. Sólo su propio cuerpo le hace justicia, y cuando lo desea puede hacerse oír y retumbar en el deporte. Como una rana, la mujer tiene que abrir las piernas hacia los lados, para que su marido pueda mirar dentro de ella lo más posible, hasta la Audiencia Provincial para Causas Penales, y examinarla. Está por entero bañada y cagada por él, tiene que levantarse, dejar caer al suelo las últimas cáscaras e ir a buscar una esponja para limpiar al hombre, ese enemigo irreconciliable de su sexo, de sí mismo y del flujo que ella ha producido. Él le mete el índice derecho bien hondo en el ano, y con los pezones colgando ella se arrodilla sobre él y limpia, el cabello en los ojos y en la boca, sudor en la frente, saliva ajena en la garganta, la blanca ballena asesina allí ante ella, hasta que la amable luz se pone, llega la noche y este animal empieza a fustigarla de nuevo con su rabo.

La mujer sale de la cubierta de sus circunstancias. Aprieta con desazón su pijama contra el cuerpo. Se palmea con las manos. Algunos de los niños que oye gritar a lo lejos acaban de salir de su bien montado grupo de baile y ritmo, que se reúne todas las semanas. Los niños son criados como hobby de esta mujer. Al fin y al cabo, tenemos suficiente sitio y amor para el niño, que debe aprender a batir palmas con ritmo. En el colegio, le será de ayuda para asentir o levantarse rítmicamente cuando sea el momento de la oración. Su hijo está entre ellos, demuestra con cada grito que cuelga sobre los otros como un dedo sucio. De cada bocadillo ha de ser el primero en morder, porque cada niño tiene un padre, y cada padre tiene que ganar dinero. Sobre sus estrechos esquíes, aterroriza a los niños pequeños en sus trineos. Es la última edición de un astro brillante, que tiene la osadía de salir nuevamente cada día, pero siempre con una vestimenta nueva. Nadie se le resiste, sólo su espalda tiene que tragar muchas muecas ocultas y desperdiciadas. Ya se ve como una formulación de su padre. La mujer no se engaña, levanta vagamente la mano hacia el hijo lejano, que ha reconocido por la voz. Él adapta a los otros niños a su medida. Los corta con palabras, como el viento al paisaje, y los convierte en mugrientas colinas.

*[jelinek; deseo]

5.7.08

Se viene el agua, escuché que me gritó Lucy pero no podía verla por los árboles, se me había adelantado. Recién salidas de la Pelopincho pasábamos el rato montadas en bici metidas entre los pastos duros del bosque. Esto no es un bosque. Vos no sabés lo que es un bosque, me decía Lucy. Otros años la hora larguísima de la siesta nos encontraba hundidas en la zanja. La cara negra y embarradas hasta la nariz. Porque éramos felices ahí adentro de esa zanja, nuestra zanja, mezcla de barro y agua de lluvia podrida. Jugamos a encontrar gusanos en el fondo con las antiparras puestas. Con suerte renacuajos y hasta a veces ranas. Coleccionábamos los bichitos más raros, los metíamos dentro de unos frascos de mermelada y los mirábamos largo rato para ver qué hacían. Los menos se resignaban a la nueva vida que les toca, quietitos en la base del frasco se quedaban. Los más se chocaban entre sí aturdidos buscando la salida, arrastrándose camino hacia la tapa y los otros, a los que llamábamos suicidas sólo se apartaban del resto enroscándose en su propio cuerpito. Cuando les daban permiso venían los vecinitos de a la vuelta aunque no siempre los dejaban enchastrarse como a las mugrientas de nosotras. A Lucy tampoco la dejaban siempre, pero cuando yo venía de vacaciones casi todo estaba permitido. Muchas veces cuando había sequía como ahora extrañábamos la zanja. Entonces la tía nos preparaba el revoltijo de barro en una palangana para que cambiemos esas caras largas. Nos pasábamos la pasta por todo el cuerpo, dibujando con deditos embarrados la espalda, las piernas y nos corríamos descalzas por la vereda y la calle. Aunque yo a veces me raspaba los pies estando así, descalza en la calle de tierra. Me lastimaba como cuando jugábamos a las carreras desde la puerta de la casa hasta las vías viejas ida y vuelta. Y sino en el almacén pidiendo fiado las bolsitas de bombitas de agua y toda la siesta llenando un balde con Bombuchas de colores. Lucy siempre elegía las rojas y las amarillas, a mí en cambio me gustaban las azules y las verdes que eran justo los colores del uniforme de mi escuela. Las repartíamos primero para después escondernos detrás del portón de entrada y salir de prepo cuando pasen los demás chicos de la cuadra a tirarles con todo y puntería, mientras riendo volvíamos a correr esta vez hasta el fondo de la casa escuchando las cosas que nos gritaban. Otras veces pero sólo entre nosotras nos quedábamos haciendo guerra de Bombuchas en malla y ojotas, dando vueltas por todo el patio y alrededor de la casa. Después cuando ya no podíamos más de tanto correr y correr nos echábamos en el pasto a reírnos de vuelta y a pelearnos también, porque a veces nos peleábamos. Como cuando fuimos todos a comer al restorán del centro y conocí al primo Pedro que también venía de lejos, que tenía dos años más que yo y estaba en 6º grado. Me acuerdo nos quedamos un montón de tiempo mirándonos y hablando de cosas que ni me acuerdo pero que me gustaría poder acordarme. Mientras le miro los rizos rubios, las pecas, me cuenta cosas de la toldería, de los indios, de que cuando sea grande quiere ser maestro de los indios porque no tienen casi maestros en la escuela rural y qué se yo qué otras cosas. Me regala el collar que hicieron los indios con semillas de sandías pintadas, me lo pone al cuello y me mira, me dice que me queda lindo. Lucy no me habló en el auto todo el viaje de vuelta. A la noche tampoco quiso dormir conmigo. Pero también hubo otras veces en que estuvimos más unidas que nunca, en que fuimos más hermanas que nunca. Cuando venían los primos más grandes a quedarse a dormir y tirábamos los colchones. Todos los primos durmiendo en el piso del jol, dejando las puertas abiertas a la noche para que entrara el fresco. Los ventiladores encendidos al máximo en las ventanas mientras escuchábamos acostados las historias que nos contaban. Como esa noche en que nos contaron a todos la historia del Yaraví. El cuento de esa india quinceañera, la hija menor de unos quichuas. “Decían que nunca había tenido un novio porque era muy fea”. Escuchamos eso y Lucy se rió fuerte pero yo me quedé seria. La india había oído hablar de la magia del Tatú Piré, un riacho que no estaba muy lejos de donde vivían. Un riacho que si te bañabas ahí conseguías lo que querías: un novio y si tenías suerte un marido. Entonces vino el día en que ella se escapó de la casa y no me acuerdo cómo llegó hasta la orilla. Se sacó toda la ropa y se metió desnuda en las aguas del Tatú. Así estuvo nadando sola hasta que el sonido de una quena le llegara como de lejos a los oídos y viera por detrás de unos árboles a su músico que venía a buscarla. Se fueron así los dos caminando de la mano, por los cerros. Me quedé pensando en eso, en lo lindo que era cuando un chico que me gustaba me agarraba de la mano. Tuvieron tanta mala suerte que en el camino se cruzaron con ese hombre. Un jefe de no sé qué, que decía esta india es mía, porque la había comprado o algo así, entonces la subió al caballo y se fueron levantando el polvo seco del camino. Se la llevó. El enamorado de la india la buscó por todos lados, recorrió todas las casas de todas las familias preguntando, pero nadie sabía nada. Y no la vio más. Ví cuando Lucy arrugó el entrecejo y dejó la mirada perdida en el aire. El músico volvió al riacho y empezó con la quena a tocar una canción triste cada vez más triste que era el Yaraví, que es la canción de amor más triste del mundo. Así dijeron. Y terminó ahogándose, medio loco por la india esa. Todavía se escucha el sonido de la quena a lo lejos, dijo mi primo más grande cuando terminó de contar la historia y todos nos quedamos en silencio por un rato hasta que otro: escuchen es la quena, es el Yaraví, el ahogado anda cerca. Y Lucy se tapaba con la sábana el cuerpo, pero sobre todo la cara y se acurrucaba en el colchón y yo me levantaba rápido a cerrar la puerta de un golpe. Gritábamos retándolos. Nos enojábamos con los chicos pero al rato se nos pasaba.
La lluvia llegó y nos agarró en medio del bosque que había en frente de la casa, mojándonos un poco. Paseábamos en bicicleta. Lucy mirando el cielo me dice ahí viene la lluvia. Yo miré y no ví nada. Pero Lucy sabía de esas cosas más que yo. Pedaleamos lo más fuerte que pudimos entre los pastizales y las raíces de los algarrobos que brotaban de la tierra. En el cielo se veían los relámpagos que alumbraban los techos de las casitas. Me acordé de Lucy cuando cerraba los ojos porque el flash de la cámara que canjeamos con las tapitas de gaseosa le lastimaba los ojos, igual que ahora el resplandor ahí arriba también le lastimaba. Era una tormenta eléctrica que se largó bien fuerte justo justo cuando pisábamos la entrada de vuelta a la casa. Ahí nos quedamos todos en la puerta. Pero sobre todo nosotras que mirábamos fijo cómo se alimentaba de vuelta nuestra zanja, empujándonos un poco para conseguir el mejor lugar para ver cómo era el alivio, para sentir el olor del alivio de la tierra norteña mojada.

23.6.08

Infancia [fragmento]

Su madre decide que quiere un perro. Los alsacianos son los mejores –los más inteligentes, los más fieles–, pero no en­cuentran uno en venta. Así que optan por un cachorro mi­tad dóberman, mitad algo más. El insiste en que quiere po­nerle el nombre. Le gustaría llamarlo Borzoi porque quiere que sea un perro ruso, pero ya que no es un borzoi de verdad le pone Cosaco. Nadie lo entiende. La gente cree que el nombre es Kos–sak, “bolsa de comida” en afrikaner, y les parece gracioso.

Cosaco resulta ser un perro desconcertante e indiscipli­nado, que merodea por la vecindad pisoteando jardines y persiguiendo a las gallinas. Un día el perro le sigue durante todo el trayecto hacia el colegio. Nada de lo que él haga lo aparta: cuando le grita y le tira piedras, el perro agacha las orejas, mete el rabo entre las patas y huye cabizbajo; pero tan pronto como él se monta en la bicicleta, el perro corre a grandes saltos tras él. Al final tiene que arrastrarlo por el collar hasta la casa, empujando la bicicleta con la otra mano. Llega a casa enrabiado y se niega en redondo a ir al colegio, porque se le ha hecho tarde.

Cosaco no es todavía un perro adulto cuando se come el polvo de vidrio que alguien ha puesto fuera para él. Su ma­dre le administra enemas, para que el agua haga salir los pedazos de cristal, pero es en vano. Al tercer día, como el perro continúa tumbado, jadeando, y ni siquiera tiene fuerzas para lamerle la mano, la madre lo manda a la farmacia a comprar una medicina que le han recomendado. Él va co­rriendo y vuelve corriendo, pero llega demasiado tarde. Su madre tiene aspecto cansado y distante, ni siquiera toma el bote de sus manos.

El ayuda a enterrar a Cosaco, envuelto en una manta, en la arcilla del fondo del jardín. Sobre la tumba erige una cruz en la que pintan el nombre «Cosaco». No desea tener otro perro. No si es así como han de morir.

[j.m coetzee]

24.5.08

Inda Patria Ledesma Mía



Nacionalpa Himnon


Uyarishís qaparisqá huañora

Libertá, Libertá, Libertat

Uyarísh cadenás titikojta

Qaayshis trono kikín tukuytá

Anajpiajkuna kicharin kuná

Provinciás kusqa surmantaqá

Tukuy mundo lebrésnenqa ninku

¡Atun pueblo Argentino salud!

¡Atun pueblo Argentino salud!Tukuy mundo libresnenqa ninku

¡Atun pueblo argentino salud!

16.5.08

+++bonus++++









Que lindo es levantarse todas las mañanas
sabiendo que Boca va a salir campeón.











[daniel durand]

15.5.08

algo de Salto Grande

Una tarde Pepe se bajó de la chalana
con dos amigos que trajo de Corrientes,
todos corrieron hasta el borde de la chalana,
pepe triunfante sacó el dorado que causaba tanto revuelo,
era enorme, después le sacaron una foto colgando del alambre y
me pusieron a mí al lado para que todos vieran que era más alto que yo.
Después no nos metimos al agua por dos o tres horas
porque teníamos miedo,
hasta ese momento no sabía que había pescados más grandes que
yo abajo del agua.

*

*

Mi papá se iba a cagar al agua, yo nunca pude cagar
adentro del río, me daba miedo que un pescado
se me metiera en el culo. Me voy a darle de comer a las mojarras...
decía papá y se iba a cagar a la correntada.


*
*

Tito y Carlos que son mis tíos porteños
decían qué hermoso,
qué hermoso esto
qué hermoso aquello,
pero siempre estaban queriendo volverse.

*
*

El Pancho Moulins me enseñó a hacer flechas
con la punta de los tapones de sidra,
las flechas iban derecho como cincuenta metros,
hasta que una tarde en la islita
le sacamos un ojo al Raulito,
no nos dejaron más hacer arcos y flechas para jugar a los indios,
yo les voy a dar jugar a los indios... indios!,
nos gritaba Palito cuando se llevaban al sobrino
para el hospital ya con un solo ojo.


*
*
El Meneco que pesaba más de 120
entró al agua y se clavó un culo de botella
en la planta del pie,
le tuvieron que poner 23 puntos,
el agua quedó roja un rato
antes que se llevara la sangre la corriente.

*
*
*

El año pasado Eric cuando se fue me dijo que este año
me iba a traer a su hermana y
me la iba a dar a mí.
Ahora veo que llegaron, Eric, los padres y
dos chicas hermosas cordobesas,
la más linda es la hermana y yo me acuerdo que el año pasado
me dijo que me la iba a dar, qué va a querer esa que es
la más linda que vi en toda mi vida,
más linda que todas las de la escuela Almafuerte
más linda que todas las de la cortada.
Ni bien oscurece y se prenden los faroles de todos los ranchos y campamentos
nos ponemos a jugar a la escondida,
yo corro solo hasta la oscuridad y me quedo atrás de la carpa
de los Fishba, atrás mío viene la hermana de Eric, Gabriela,
me pregunta si quiero ser su novia así nomás sin conocerme y
adelante de su prima Nancy, yo protesto una vez
pero me convence, después salgo corriendo y
en el pecho tengo una correntada que no para
que no sabía que te agarraba
cuando tenés novia.


[daniel durand]

8.5.08

La luna

(Música. Un ser femenino ataviado con cortinas de voile blanco en capas superpuestas, ojos y rostro salpicados de brillo, boca roja chorreando obscenidad, y el cabello de un hombre medio calvo, baila entre el público, luego sigue arriba, en el escenario, hasta terminar la danza exagerada junto con el final del tema musical. Queda el ser en el piso, dormido, y de pronto se despierta como de un sueño, se pone de pie y habla).

¡Aaaaahh! ¡Qué manera de apolillar!
¡He dormido como una vaca sobre los abrojos!
¡Aaaaahh!
¡Qué picor de cajeta!
¡He tenido un sueño maravilloso!
¡No había nada!
En el sueño…
Nada… nada…
Todo era…
como un enorme sorete
marrón de nada… nada.
Era el Caos
y de pronto… de ese caos
surgió una Diosa
completamente desnuda
y completamente violeta
con unas tetas así de grandes,
con unos pezones como platos de postre de Gulliver.
Eurínome
se llamaba la diosa.
Eurínome, la diosa de todas las cosas.
Y Eurínome
surgió del caos
con tantas ganas de bailar
pero tantas ganas de bailar
que cuando vio que no había nada,
porque no había nada,
en donde apoyar sus piececillos violáceos
para danzar
entonces agarró e hizo jjjjjjj,
rasgó un cacho de nada
y creó el firmamento
y después agarró e hizo jjjjjjj,
rasgó otro cacho de nada
y creó las olas,
unas olas magníficas,
gigantes,
monumentales, estreptocóideas,
todas duras, trabajadas, cinceladas,
niqueladas,
todas marmoladas
hacia arriba… así…
todas negras, violetas, azules…
anaranjadas,
de todos los colores
hasta unas puntas
terminadas en unas puntas
de espuma,
unas puntas blancas,
más blancas que la blanca
y después de las puntas
unas pelotonas blancas de espuma
así de grandes
y después de las pelotas
sobre las pelotas
toda una ristra
de colibríes fosforescentes.
En cuanto vio que tenía dónde
apoyar sus piececillos,
entonces ella se puso a bailar
y bailada Eurínome
la conchuda
y bailaba lai-la-ra-la-lá,
bailoteaba la hija de mil puta,
dale que te dale
y daba una pirueta para adelante
y un mortal para atrás
y correteaba en dirección al Noreste
y después para allá
y miraba al Sudeste
y se cagaba en el Oeste
y corría y corría
y hacía mohínes,
piruetines, piruetecas,
y tanto, pero tanto, tanto,
bailó en dirección hacia el Sur
que en el Norte
se provocó un remolino gigante,
una especie de centrifugado
de película de Spielberg
con rayos y centellas,
como un cagadero al revés.
Entonces en cuanto Eurínome,
la diosa de todas las cosas,
vio la porquería que había creado
con su bailar
agarró y se dio vuelta
como una diosa
y dijo… y esto… ¿qué es?
Y agarró el centrifugado
con las dos manos
y empezó a frotarlo
al remolino
y lo frotó… y frotó…
a esa espiral luminosa…
y frotó… tanto, pero tanto frotó…
y frotó…
que de allí surgió
un viborón de este porte
cono unos ojos salidos para afuera así,
con unas pupilas hacia delante
que terminaban en dos guindas azules.
Orión se llamaba el viborón
y en cuanto Orión, el viborón,
vio a Eurínome,
la bailarina conchuda,
dijo yo a ésta me la volteo
y dicho y hecho
se la volteó…
Fue así como Eurínome
quedó encinta,
preñadita.
Se transformó entonces Eurínome
en una palomita blanca
chiquitita
con unas plumitas
que el viento… pfff
las movía.
Entonces se puso a empollar
Eurínome… sobre las olas
unos olones gigantes
y se posé sobre la ola gigante
y la ola la agarraba
y la tiraba… ¡¡pfffaaa!!
y caía sobre la otra ola
y la otra ola la agarraba
y la sarangoteaba toda
y ¡¡¡PFFFAAA!!
En un momento se la encajó
la punta de una ola
en el medio del ojete
y al cabo de 7.777 milenios
puso el huevo universal.
Cuando vio esa porquería
que había puesto
dijo, y esto… ¿qué es?
Un huevo de tamaño Sideral
pero de decir ¡mirá qué huevo!
Un huevo de color tornasolé
todo con incrustaciones
de nácar
y de huesos de mamut
y de dientes de Grondona.
Y bueno… entonces
y al rato le dijo al otro,
al Orión, el viborón,
¡ocupate vos también
que tuviste bastante que ver con esto!
Entonces el viborón
se enroscó siete veces en el huevo
y al cabo de otros 7.777 milenios
el huevo hizo jjjjjjj
se partió en dos
y de allí surgieron
todas las cosas
habidas y por haber:
Marte, Neptuno, Plutón,
Saturno, Júpiter,
la vía Láctea,
como lechazos de guasca de Dios,
los agujeros negros,
y además
surgió esa pelotita
pelotuda y celeste
que es la Tierra
con sus mares, sus montañas,
las Sierras de Tandilla,
la Plaza Miserere
y además… esa capa…
esa pátina
graciosa y grasosa
que hay sobre la Tierra
que son los mortales…
¡Qué ganas de garcharme un mortal
que me dieron!
¡Bajaré a garcharme un mortal!

(Baja y camina por entre los espectadores)

¡Qué olor a mortal que hay acá!
¡Qué asco!
¡Este está fuerte!

(Le habla a un espectador)

¡Vamos a garchar!
¡Encajala!

(Se sienta sobre sus faldas)

En ese agujero no, picarón,
en el otro…
¡Ahhh! ¡Movete!
¡Juguetea más con el clíptorex!
¡Cambiemos de posición”
¡Chupame el busto!
¡Sí! ¡Sí!
¡Voy a acabar!
¡Oíd mortales el grito sagrado!
¡¡¡AAAaaaaahhh!!!
¡Gracias por garcharme así!

(Cuando está volviendo al escenario)

Me preñaste…,
¡estoy completamente embarazada!
¡Y de un mortal!
¡Voy a parir!
¡Estoy a punto de parir!
¡Aaaahhh!

(Empieza a sonar “Las Valkirias” de Wagner)

¡Voy a parir!

(Se hincha en el escenario. Puja. Resopla y pare sacando trapos rojos de su entrepierna al compás de los gritos de la cantante, al final saca un envoltorio como de panadería, incluso con atadura de cintita con moño y todo. Queda exhausta mirando lo que acaba de parir)

La placenta…

(Desata, abre el paquete, y se descubre un típico pebete de jamón y queso)

Un pebetito… (Lo revisa)
… no tiene mayonesa…
…. ¡Ja! ¡Las orejitas que tiene!
La misma cara del padre…
¡y habla! (Lo acerca a su oído)
¡Dice que va a ser un gran hombre!
¡Dice que va a tener un Renault Fuego
y la casa en el country club!

(Pausa. Se emociona)

Naciste para alimento de la luna
… tu madre.
(Le pega un mordisco. Cambia la luz. Queda un cenital sobre ella. Empieza triste música de violín.
Todo se va apagando despacio mientras ella se bambolea, come, mastica, y llora, hasta el apagón)
*
[alejandro urdapilleta. Monólogo estrenado en el Parakultural en 1986 y más tarde incluido en diversos espectáculos]

La paralítica

¡Sí, es verdad! ¡Sí, es verdad! ¡Es verdad, oficial! Sí, sí, sí, yo la maté. Pero es que me tenía harta, ella era mala, pérfida, ladina, ponzoñosa. Y me cansé de sus ojos de mosquita muerta. Y de que se hiciera la paralítica. Porque ella no podía moverse, es cierto, ahí están los certificados de los dotores, pero no era como para poner ojos de paralítica, ella se regodeaba de su tragedia y yo le decía paralítica de mierda y el tiraba el caldo con cabello de ángel, hirviendo se lo tiraba en la cabeza porque no soportaba sus piernas fláccidas y el olor de paralítica y la mentalidad de discapacitada y sobre todo que no había tenido la culpa de que se subiera al andamio en la obra en construcción en el Chaco, cuando yo era bailarina, más que la Belfiore, que me fui al monoblock en construcción atrás del obrero paraguayo y ella, como buena madre hija de puta que era, me persiguió para espiarme y se cayó del andamio, porque yo en esa época, tomaba cañita Legui, sí, y después licor Ocho Hermanos, que no hay nada más dañino que eso, y un día me preguntó por el hámster y yo no le entendía porque decía lmmmmm jjjmmmúmmmter desde la silla de ruedas, en el patio de atrás, mientras yo colgaba los pañales de su incontinencia todos percudidos lmmmmm jjjmmmúmmmter ¿¡el hámster!?, le dije, ¿¡sabés lo que le hice a tu hámster!? ¡Lo desollé vivo! Y ahora está enterrado abajo de tu cama.
¡¡¡Lmmmmm jjjmmmúmmmter!!! ¡Hablá bien gangosa de mierda!, le decía yo, oficial, porque ella me lo hacía a propósito para cagarme porque yo era bailarina y peluquera y me debía a mi arte, ¡sí!, ¡la maté, oficial! ¡Y no sabé qué liberación! Puse un disco de Richard Clayderman
el claro de luna
y bailé como la llama
de una vela
en un velorio.

[Monólogo de alejandro urdapilleta basado en un texto teatral escrito para el Parakultural y representado por Batato. La versión corresponde al texto radiofónico leído en La Alfombra (1989) Radio Alfa del barrio de Belgrano, luego publicada en Vagones Transportan Humo]

29.4.08

Me subí como pude. La chancha ya estaba en marcha y algunos colgados de las puertas formaban montoncitos de pasajeros. Rebalsaba como siempre de lunes a viernes en hora pico. Mi tren no conoce de alta velocidad, mucho menos apenas despegando del andén diez donde siempre para. Pero el guarda hizo sonar el pito y ahora somos unos cuantos los que nos lanzamos en la corrida para poder atraparla. Mientras me apuro el bolso me golpea, me llena de piñas el estómago. Calzo mi zapatilla sobre el escalón metálico y de un salto me prendo del estribo. Ya estoy arriba. Mi pelo largo al viento y un cachetazo de correntada en la cara. Soy feliz en esta escalinata. Soy reina de una carroza diesel. Soy la vedette del ramal Glew-Plaza.